lunes, 31 de enero de 2011


Pero es que la democracia no es la libertad
























En Egipto quieren echar un gobierno para poner a otro. Algo más, dicen, es un cambio de régimen: La sustitución de un gobierno minoritario por otro mayoritario, de acuerdo. La democracia. Las minorías coptas, pues, ya pueden ir temblando. Ocho millones no son nada frente a ochenta. La democracia favorece a los que tienen vocación colectivista y están bien organizados. Los hermanos musulmanes son un ejemplo, y claro que saldrán favorecidos. Y si ahora no necesitan las armas para conquistar el estado, pues mejor, más cómodo para ellos.

No es un accidente que la democracia dé paso a los totalitarios, nazis o islamistas, quienes fueron sutiles para acceder al poder por la vía democrática, pero luego fueron bruscos al romper con ella. Los totalitarios que perseveran son los que son sutiles todo el tiempo. Utilizan la democracia y la siguen utilizando. Son las agendas socialistas que pueblan los gobiernos de Europa Occidental. Pues se habla mucho del dinero que se llevan los que huyen de Túnez o Egipto --la tonelada de oro que se llevó la esposa del presidente tunecino--, pero, ¿qué hay del robo cotidiano que se produce en las democracias, eso que llaman impuestos? Es un robo sutil y mayor, mucho mayor: El pueblo no es libre de disponer de su propiedad, que le es porcentualmente expropiada por el estado. ¿Qué hay, por otra parte, de las leyes democráticas que permiten el aborto? ¿Cabe mayor crimen? Las democracias roban y matan a mansalva, como nadie lo ha hecho a lo largo de la historia. La libertad queda hiperregulada y asfixiada por leyes crecientes, fruto de grupos de presión con intereses particularísimos. Bueno, en las democracias hay libertad de costumbres, eso sí, hay que desahogarse de alguna manera.

Los manifestantes en Egipto reclaman menos corrupción y menos pobreza. Eso es lo que fundamentalmente reclaman. Y eso poco tiene que ver con la democracia. Sí tiene que ver, en cambio, con la libertad, esa criatura en vías de extinción que malvive en las democracias.