martes, 18 de enero de 2011


G.K. Chesterton


He aquí algunas de sus frases, entre humorísticas y profundas. Valga la redundancia. 


Siendo niños éramos agradecidos con los que nos llenaban los calcetines por Navidad. ¿Por qué no agradecíamos a Dios que llenara nuestros calcentines con nuestros pies?


La humildad es una virtud tan práctica, que los hombres se figuran que debe ser un vicio.


Si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa.


La aventura podrá ser loca, pero el aventurero ha de ser cuerdo.


Admiramos las cosas por motivos, pero las amamos sin motivos.


El periodismo consiste esencialmente en decir 'lord Jones ha muerto' a gente que no sabía que lord Jones estaba vivo.


La iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, no la cabeza.


A algunos hombres los disfraces no los disfrazan, sino los revelan.


El juego de ponerse límites a sí mismo es uno de los placeres secretos de la vida.


Una buena novela nos dice la verdad sobre su protagonista; pero una mala nos dice la verdad sobre su autor.


Los ángeles pueden volar porque se toman a sí mismos a la ligera.


La respuesta a cualquiera que hable de "exceso de población" es preguntarle si él mismo es parte de ese exceso de población, o si no lo es, cómo sabe que no lo es.


Dios crea cada margarita separadamente, pero nunca se cansa de crearlas. Puede ser que Él tenga el apetito eterno de la infancia. Porque nosotros hemos pecado y envejecemos, pero nuestro Padre es más joven que nosotros.


Las vidas de los ricos son en el fondo tan aburridas y monótonas, sencillamente porque ellos pueden escoger lo que ha de sucederles. Están aburridos porque son omnipotentes... La cosa que mantiene la vida romántica y llena de ardientes posibilidades es la existencia de esas grandes limitaciones vulgares que nos obligan a todos a enfrentarnos a las cosas que no nos gustan o que no esperamos.


En el asombro hay siempre un elemento positivo de plegaria.