sábado, 24 de septiembre de 2011

La privatización de las calles

Las calles de las ciudades modernas son una selva o un caos: alta densidad de tráfico, mal estado de la calzada y las aceras, residuos caninos, obras, zanjas, delincuencia, botellones, parques llenos de graffitis. Para algunos de estos problemas se han iniciado soluciones parciales de mercado, como la ORA: Se introduce un precio por disponer de un bien escaso como es el estacionamiento. Pero al ser un monopolio en manos del ayuntamiento, la discrecionalidad de los alcaldes puede convertir el servicio en un abuso, al no existir competencia posible. Para el resto de los problemas se ha ensayado parcialmente la privatización de las calles: las calles de los centros comerciales o de las urbanizaciones son de propiedad privada; y carecen de muchos de los problemas arriba mencionados. Pero aún no se ha ensayado la privatización masiva de las calles.
En una sociedad primitiva, con baja densidad de población y en la que no existía escasez de recursos, el establecimiento de los derechos de propiedad no era una necesidad urgente. A medida que escaseaban los recursos, o aumentaba la población, había que delimitar zonas de caza, etc. Es decir, para que el caos no se apoderase había que establecer y respetar los derechos de propiedad. De esta forma, si consideramos las modernas ciudades como auténticas y caóticas selvas de ladrillo, podemos ver que una gran parte de sus problemas se deben a que no están privatizados todos sus rincones. Hay algunos, como las calles, que son de propiedad pública. Y ésta es la principal fuente del caos.
Pero, ¿cuál sería el principal incentivo que tendrían los ayuntamientos, actuales propietarios de las calles, para deshacerse de ellas? Las necesidades de financiación, por ejemplo. Los ayuntamientos podrían solucionar, pues, sus problemas de deuda privatizando sus principales activos, las calles, que actualmente son bienes muertos, incapaces de rendir renta y que están siendo apropiados, de facto, por las siguientes dos clases de gorrones, fundamentalmente nocturnos: los alborotadores del botellón y los conductores en busca de una plaza de aparcamiento gratuita. De los segundos podría obtenerse la renta principal que lograra que las calles fueran un bien económico susceptible de rendir sus frutos, vendiendo o alquilando los derechos de estacionamiento. A los alborotadores nocturnos, cuando molestaran, directamente se les expulsaba de una propiedad privada.
Privatizando las calles mejoramos la tranquilidad y seguridad, eliminamos la deuda de los municipios y convertimos a los vecinos, o inversionistas, en propietarios de la prolongación exterior de su vivienda, por decirlo así.
A bote pronto, podemos decir que la gestión de unas calles privadas tiene los siguientes costes: alumbrado (electricidad al por mayor), alcantarillado (fontanería al por mayor), limpieza y mantenimiento del orden. Este último aspecto podría desarrollarse subcontratando los servicios de una empresa privada. Como ya ocurre en algunos barrios de Londres, guardias privados se encargarían de patrullar por la noche varias calles que, conjuntamente, contrataran sus servicios. Serían los modernos serenos, sólo que privados, armados y vigilando por parejas. Se encargarían de disuadir a ladrones y albotadores del botellón.
Los vecinos se ahorraban los impuestos municipales (IBI) y las tasas de basuras. Todos los servicios serían proveídos privadamente por los propietarios de las calles, quienes obtendrían sus ingresos del alquiler y venta de los derechos de estacionamiento, así como de los locales comerciales (cobro de los servicios de limpieza de las aceras, cesión de una parte de la calle, tal vez peatonal, para la expansión del negocio puertas afuera, etcétera).
Calles privadas no significaría calles inaccesibles o valladas, en la mayoría de los casos, puesto que una calle inaccesible significa un menor tránsito de personas y esto, a su vez, supone una menor fuente de ingresos potenciales para los propietarios de los establecimientos comerciales (clientes, a su vez, de los propietarios de las calles). Asimismo, el vallado tiene un coste. En este punto podría establecerse una similitud con los terrenos agrícolas. Uno camina por el monte sin encontrarse continuamente cercados, por el coste que estos tienen y por lo incecesario que en muchos casos son. Pero la libertad de movimientos, en campos ausentes de cercados, no significa la libertad para establecerse indefinidamente en una propiedad privada, molestar al dueño, causarle destrozos o llenarle el terreno de basuras. Pues lo mismo con las calles.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

El Islam en Somalia

viernes, 16 de septiembre de 2011












309 años de cárcel -- 101 abortos



Huelga en las clínicas abortivas de Castilla-La Mancha


Jordania: Recordando a Septiembre Negro


UK: Pensionista detenida por cultivar cannabis: "Yo sólo cultivaba fresas"

  
UK: Poligamia para cobrar subsidios


Plumas de dinosaurio conservadas en ámbar
 



Descubren un planeta con dos soles

Revolucionarios del mundo: Los Montoneros. Coge la pasta y corre

En medio de un clima político y social sumamente enrarecido y conflictivo, el 19 de septiembre de 1974 un comando montonero concreta el secuestro extorsivo que obtuvo el cobro del mayor rescate de la historia argentina ya que la organización recibió sesenta millones de dólares, por la entrega con vida de los hermanos Juan y Jorge Born (Bunge & Born), a los seis y nueve meses respectivamente. Los hermanos Born eran por entonces los principales accionistas del mayor conglomerado productor y exportador cerealero argentino. Durante este hecho Montoneros asesinó a un empresario (de apellido Bosch) y al conductor del vehículo (apellidado Pérez) en que viajaban los secuestrados.

Dirigentes montoneros confirmaron que una parte del dinero fue derivada hacia Cuba con el fin de ponerla transitoriamente a resguardo, en tanto que el pago final de unos 17 millones de dólares fue cobrado y administrado por el banquero David Graiver, quien tenía sus oficinas en la ciudad de Nueva York y falleció en un dudoso accidente de aviación. En ambos casos hasta el presente ha sido un gran misterio el destino final de buena parte del dinero en efectivo producto del rescate. Las relaciones entre el régimen de Fidel Castro y los Montoneros no siempre eran de mutua afinidad. Por un lado han circulado versiones periodísticas sugiriendo que la fortuna de los Montoneros quedó finalmente incautada y confiscada en Cuba por orden de Castro, pero algunos ex funcionarios cubanos han declarado que todo el dinero proveniente de este mega secuestro les fue entregado a Firmenich, Perdía y Yaguer, algunas veces en forma personal y en efectivo, y otras en graduales y sucesivas remesas al exterior vía complejas triangulaciones financieras a través de bancos de Checoslovaquia y Suiza.

Los mencionados dirigentes montoneros jamás han dado precisiones ni respondido fehacientemente los cuestionamientos en tal sentido, y el destino final de los fondos del rescate se mantiene como un enigma.

Durante el 13 de febrero de 1976 mientras los integrantes de la organización Montonera penetraban por la zona de El Cadillal se produjo un encuentro imprevisto con el Ejército Argentino. Como resultado fueron muertos varios integrantes del “Fuerza de Monte del Ejército Montonero”, entre ellos Juan Carlos Alsogaray, hijo del quien había sido Comandante en Jefe del Ejército Argentino, Teniente General Julio Alzogaray quien, hacía un tiempo, había sufrido un intento de secuestro fallido en la vía pública a manos de Montoneros, donde militaban sus hijos.


http://es.wikipedia.org/wiki/Montoneros

De Archipiélago Gulag

Extractos: 

En los primeros días de la guerra, un grupo de marineros nuestros fue arrastrado por el mar hasta la costa sueca. Pasaron la guerra como hombres libres en Suecia, en medio de una abundancia y un confort que nunca habían conocido ni conocerían después. La Unión Soviética retrocedía, avanzaba, atacaba, moría y pasaba hambre, mientras esos canallas llevaban una vida regalada en los muelles neutrales. Finalizada la guerra, Suecia los devolvió. Sin duda, se trataba de traición a la patria, pero la condena no acababa de cuadrar. Los mandaron a casa y luego les endilgaron propaganda antisoviética, por sus cautivadores relatos sobre la libertad y la abundancia en la Suecia capitalista (el grupo de Kadenko).
A este grupo le ocurrió después un caso. En el campo de reclusión ya habían dejado de hablar de Suecia, porque temían que les impusieran por ello una segunda condena. Pero en Suecia, no se sabe cómo, tuvieron noticia de su suerte y se publicaron artículos calumniosos en la prensa. Para entonces los muchachos ya estaban desperdigados por diversos campos, cercanos y lejanos, y de pronto una orden especial los reúne a todos en la prisión Kresty de Leningrado, donde estuvieron cebándolos durante dos meses y dejaron que les creciera el pelo. Más tarde los vistieron con sobria elegancia y ensayaron con ellos lo que debía decir cada uno, advirtiéndoles de que al canalla que se le ocurriera desafinar le darían «nueve gramos» en la nuca. De esta guisa los llevaron a una conferencia de prensa, ante periodistas extranjeros invitados y ante los que conocían bien a todo el grupo de cuando estaba en Suecia. Los antiguos internados se comportaron con desenvoltura, contaron dónde vivían, dónde estudiaban o trabajaban. Indignados por las patrañas burguesas que habían leído recientemente en la prensa occidental (como si en la URSS se vendiera en todos los kioskos), se habían puesto en contacto por carta para reunirse en Leningrado (como si los gastos del viaje no fueran un obstáculo para nadie). Su aspecto fresco y reluciente era la mejor refutación de los infundios de la prensa. Los periodistas, avergonzados, se fueron a redactar sus excusas: una mentalidad occidental era incapaz de explicarse de otra manera los hechos. Y a los causantes de la entrevista los llevaron de inmediato al baño, los raparon, los vistieron con sus harapos de antes y los distribuyeron por los mismos campos de reclusión. Por haber representado dignamente su papel todo lo que consiguieron fue que no les cayera otra condena.

Por otro lado:

Los niños españoles, que fueron evacuados durante la guerra civil española y ya eran adultos después de la segunda guerra mundial. Educados en nuestros internados, todos se aclimataron muy mal a nuestra forma de vida. Muchos se obstinaban en volver a casa. Les imponían también el 7-35, el de los socialmente peligrosos, y, a los más tenaces, el 58-6, espionaje para... Estados Unidos.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Los Eurobonos


El presidente de Europa está a favor de imprimir unos papelitos en los que ponga eurobono. Y que los papelitos los compren los ingenuos. O los chinos, que son hoy el bolsillo del mundo. Los eurobonos para garantizar la expansión cósmica de la deuda, hacia el macrocosmos o el microcosmos, donde esté el sumidero infinito que es el destino de Europa. Los eurobonos para garantizar la permanencia en el sillón de los directores de orquesta europeos. Sillones eurócratas flotando en un mar de deuda.